LOS HOMBRES TAMBIEN SIENTEN

Sin título-1

Culturalmente lo que se espera de ti es que seas un tipo exitoso, duro y hasta un supresor de tus propias emociones, “¡los machos no lloran!” es una de las expresiones con las que crecemos muchos de los hombres. También nos inculcaron que no era cosa de varones mostrarse vulnerables ni reconocer que muchas cosas nos duelen y lastiman, emocional y físicamente.

Todo esto ha sido precursor de muchas de las cosas que hoy en día repudiamos, la ira, la indolencia y la apatía por los demás humanos… ¿Fueron nuestros antepasados los creadores de las corazas de piedra que tienen muchos de los millenials hoy en día?
La verdad es que tanto hombres como mujeres estamos hechos de fortalezas y debilidades.

De hecho, la presión para reprimir nuestro derecho a la vulnerabilidad tiene un precio alto: la depresión. Estudios estadísticos hablan de que aproximadamente 9 millones de hombres menores de 40 años cumplen criterios diagnósticos de depresión clínica, y es una cifra excluyente de hombres deprimidos por temas de sexualidad.

¿Sabías que el suicidio es hoy la primera causa de muerte en varones menores de 50 años?
Una postura machista trata de dar la espalda al hecho demostrado de que las emociones no pueden bloquearse. El intento por mantener la apariencia de “invencible” es solo un camino al escapismo, que termina por traducirse en adicciones como el alcohol o la ludopatía. También está el fenómeno de la competitividad enfermiza en el lugar de trabajo, que lleva a que muchos seamos “workaholics” inveterados, olvidando que la vida es abarcadora y multifacética, y la profesión es solo parte de ella.

Clínicamente hablamos de depresión cuando se cumplen ciertos criterios, hay pérdida del placer a realizar actividades que antes parecían interesantes, baja autoestima que por lo general es la que hace inferir a las personas de tu entorno que posees la enfermedad, y retraimiento social.

También hay manifestaciones físicas de la depresión, que abarcan desde dolores musculares y de cabeza, insomnio, pérdida inexplicable de peso, anorexia, y la falta o exceso de apetito sexual.

La debilidad no es cosa de mujeres ni de hombres, es cosa de humanidad y ser. No debería ser misógino ni ofensivo aceptar que podemos llegar a ser débiles como una hoja, porque la contraparte real es que también podemos ser fuertes como un árbol.

Si te quedo claro esto es momento de que busques en la profundidad de tus sentimientos y emociones, y respóndete si eres de los que miras ante todo la posibilidad de fracaso. Luego viene la obsesión por llegar primero, fíjate que uso la palabra “obsesión”. El punto equilibrado va por entender cuáles son tus capacidades y explotarlas hasta la frontera de lo que te haga sentir satisfecho de tu propio esfuerzo.

¿Soluciones? Habla, llora. Si estás deprimido, existen los amigos y tú pareja para “descargar” con ellos, los grupos de apoyo, la terapia psicológica ayudara animar tu vida social sintiéndote satisfecho de ti mismo, actividad física. Si el tema es físico, el médico tiene la solución con un tratamiento adecuado.

Por Juan Lizardi @lizardijuuan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *